Las claves del Value Investing

Artículo de Jordi Masip Adsuara, responsable de Asesoramiento Financiero de Mutuavalors EAFI, SL.

 

El value investing se ha puesto de moda, todo el mundo ha oído hablar de este o de aquel gestor que obtiene tantos y buenos resultados. Es como si este concepto de «value investing» hiciera cuatro días que se hubiera inventado cuando, en realidad, ya se empezaba a desarrollar en la época de la Gran Depresión, durante el famoso crac del 29 en los EE.UU.

Básicamente, consiste a conseguir las mejores rentabilidades a largo plazo aprovechando las fluctuaciones de las cotizaciones a corto plazo, y esto los gestores lo hacen posible comprando acciones de empresas a un precio bajo.

Compran las acciones con la lógica de un propietario, con sentido común y con un horizonte temporal indefinido. El momento de su venta lo determinará la consecución del valor de las acciones, que previamente han calculado como intrínseco o fundamental, aquel valor que después de analizar la empresa determinan como su valor real.

Esta filosofía no invierte en expectativas, sino en realidades que se encuentran infravalorades. Esta idea comulga más con el concepto de inversor y menos con el de especulador y, por este motivo y en numerosas ocasiones, las ideas del value pueden ser contrarias a las del consenso, puesto que se buscan ideas de inversión que han pasado desapercibidas, empresas muy castigadas en su cotización, o que quizás ya no están de moda y aprovechan estas oportunidades invirtiendo en momentos en que el miedo predomina en el sentimiento general del resto de inversores.

Por otro lado, no es nada extraño que, en momentos de euforia bursátil y en mercados claramente alcistas, los fondos con esta filosofía puedan obtener rentabilidades inferiores a la de los otros fondos de renta variable más arraigados a los índices principales. Históricamente y a largo plazo, los gestores value han obtenido mejores resultados que los mercados financieros de manera sistemática.

 

El perfil de los gestores value

Para conseguir sus objetivos, los gestores seleccionan empresas sin imponerse restricciones en cuanto al sector económico, a la dimensión o al país de origen. Utilizan compañías infravaloradas desde el punto de vista del análisis fundamental: empresas muy gestionadas, de gran calidad, con ventajas competitivas y sostenibles en el tiempo y dirigidas por equipos directivos profesionales y honestos.

Es una característica común de los gestores de value dedicar el tiempo a estudiar las compañías y a averiguar el valor fundamental real. Es básico invertir en empresas de las cuales se entiende el modelo de negocio, por eso se analizan exhaustivamente sus resultados financieros históricos y se elaboran proyecciones de futuro, visitando las fábricas y contactando con clientes, proveedores y competidores para conocer la estrategia y el posicionamiento en el mercado, puesto que normalmente son empresas que no forman parte de los índices principales.

Invierten a largo plazo y enfocan la inversión como una carrera de larga distancia o un maratón. Después, deben tener mucha paciencia y la convicción de que el precio de mercado o la cotización actual y el valor intrínseco o fundamental de una acción convergerán, y será en este momento cuando se generará el valor para el inversor.

A corto plazo, están muy atentos para detectar ineficiencias en las cotizaciones de las empresas, provocadas por factores coyunturales que crean estas oportunidades tan buscadas por estos gestores. Por otro lado, los gestores acostumbran a tener siempre una parte del patrimonio de sus fondos de inversión en liquidez para poder aprovechar rápidamente las ineficiencias del mercado en las cotizaciones de las empresas —que ellos ya han detectado y siguen— en el momento en que se produzcan.

Una de las características principales de este sistema de inversión es la alineación de los intereses de los gestores con los intereses de los clientes inversores. La práctica totalidad de los gestores value invierten en los propios fondos que gestionan y, garantizan de este modo, la unión de intereses compartiendo los mismos riesgos y beneficios con los clientes inversores. Para conseguir este alineamiento, las gestoras de value acostumbran a ser entidades pequeñas e independientes, puesto que hay que tener presente que los grandes grupos que controlan la industria de productos financieros priorizan sus criterios comerciales ante los puramente vinculados a la inversión. Por este motivo, continúan aplicando las estrategias de venta masiva de productos financieros según sus intereses comerciales.

Otro punto diferencial es que el análisis macroeconómico de los mercados no es nada relevante, ni tampoco lo es el análisis técnico. Este tipo de gestión no utiliza instrumentos derivados y, en cambio, los gestores de value coinciden a invertir en situaciones de pánico del mercado, de fuertes correcciones y desmoralización de los inversores.

 

«El riesgo proviene de no saber lo que se está haciendo»

En el value investing no todo son flores y violas. Todos los equipos gestores están de acuerdo que su preocupación principal es la pérdida permanente del capital, más que no la propia volatilidad de los mercados o de las bolsas. La mejor manera de controlar o reducir este riesgo es invirtiendo con un buen margen de seguridad. Benjamin Graham (1894-1976), considerado el precursor de la filosofía del value investing, definió el margen de seguridad como la diferencia entre el precio de mercado actual y el valor intrínseco o fundamental de una empresa.

El riesgo principal, que ninguno de los gestores de value reconoce en voz alta, es equivocarse a la hora de evaluar y analizar este valor intrínseco.

A diferencia de otros inversores más indexados que pueden utilizar stop-loss, la característica principal de los gestores es la convicción en los análisis realizados de las empresas en que deciden invertir; esto los trae a no ponerse nerviosos ante caídas adicionales en el precio de mercado de las acciones de su cartera.

En los momentos en que se producen caídas adicionales, aparecen las dudas de por qué continúa bajando la cotización del precio de compra. Es aquí donde los gestores analizan si los motivos macroeconómicos justifican las bajadas, o bien si es que los inversores están en situación de pánico, si su convicción es errónea, o si ellos son los únicos que están convencidos del valor de esta acción y, en cambio, puede haber alguien que tenga más información que ellos y por eso está vendiendo las acciones en lugar de comprarlas.

No obstante, cuando la volatilidad de los mercados presenta oportunidades de inversión, es el momento en que los gestores de value disfrutan más:  se les presentan buenas oportunidades para implementar su filosofía. Es prácticamente imposible prever el comportamiento de las bolsas a corto plazo y, en cambio, una de las mejores maneras de minimizar estos riesgos es invertir, como lo hace un gestor de value, en empresas infravaloradas con un elevado margen de seguridad. En definitiva, la manera de actuar de estos gestores ante el riesgo puede quedar resumida en esta cita de Warren Buffett (1930), presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway, considerado el inversor con más éxito del siglo XX y discípulo de Benjamin Graham:

«El riesgo proviene de no saber lo que se está haciendo»

Si después de conocer más a fondo esta filosofía de inversión, la queremos llevar a cabo, la mejor manera de implementarla es invirtiendo mediante cestas de fondos de inversión o planes de pensiones, puesto que a escala particular nos es imposible disponer de las herramientas suficientes para poder identificar, de manera más o menos acertada, los valores intrínsecos de aquellas empresas que podemos pensar que presentan un precio de mercado bajo.

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