Juan de la Cierva, el ingeniero que ideó el autogiro

El ingeniero Juan de la Cierva ha pasado a la historia en mayúsculas como inventor del autogiro. Nacido en 1895 en una familia acomodada de políticos, funcionarios y abogados, Juan de la Cierva se interesó desde niño por los inventos y la aviación. De pequeño era muy aficionado a la lectura de libros sobre inventores e inventos y su abuelo materno despertó su curiosidad sobre la aviación al explicarle la teoría de por qué volaban los aeroplanos. El entorno intelectual que le rodeó desde pequeño impulsó los sueños científicos y técnicos de Juan de la Cierva.

Desde joven, Juan de la Cierva compartió inquietudes con un grupo de amigos aficionados a los inventos, a la aviación y a la ciencia. Entre estas compañías destacaron los hermanos Barcala y Tomás de Martín-Barbadillo. Un ejemplo de sus inquietudes técnicas era la afición de Juan de la Cierva y sus amigos a montar y desmontar una antigua motocicleta que le había dejado su padre, pero, sin duda, la aviación era la gran pasión de ese grupo de amigos. La época de la juventud de Juan de la Cierva coincide con importantes innovaciones en el mundo aéreo, como los globos y los dirigibles. Después de su experiencia montando y desmontando motocicletas, el grupo de amigos se aventuró montando pequeños aviones de juguete.

Con la llegada a España de la aviación en el año 1910, Juan de la Cierva y sus amigos, los hermanos Barcala y Pablo Díaz, empiezan a desarrollar prototipos de aviones en los que se pueden montar. Al primer modelo que desarrollaron lo llamaron BCD (siglas de los apellidos de sus promotores: Barcala, Cierva y Díaz) y con él tuvieron pequeños accidentes. Esta afición empujó a Juan de la Cierva a no seguir los pasos de su familia en los estudios; en vez de estudiar derecho, el joven estudió ingeniería de caminos, canales y puertos. Pero antes de entrar en la escuela de ingeniería, Juan de la Cierva lanzó junto a sus amigos un nuevo modelo de su aeroplano: el BCD1. Se ha llegado a considerar este modelo como el primer aeroplano español que voló durante un tiempo relativamente largo. Después del modelo BCD1 llegaron distintas aeronaves con discreto éxito, como un monoplano biplaza.

El proyecto de fin de carrera de Juan de la Cierva fue la aeronave C3, un trimotor con el que concibió la idea de la autorrotación y que llamó «autogiro». Antes del modelo C3, en 1920, el ingeniero de la Cierva construyó el primer autogiro, el C1, con dos rotores superpuestos que giraban en direcciones opuestas. El C1 no consiguió despegar y dio lugar más tarde a su proyecto C3, con rotor de tres palas, que tampoco consiguió volar. La tercera versión fue el modelo C2 que se hizo realidad en el año 1922. Este último modelo tampoco tuvo éxito. El cuarto modelo, el C4, sí logró despegar, y fue en el año 1923. Basándose en este último modelo, Juan de la Cierva se centró en desarrollarlo y perfeccionarlo. La Aviación Militar ayudó en la fabricación y financiación de este nuevo modelo de autogiro y en 1924 volaría con éxito un modelo nuevo, el C6, que logró volar ya grandes distancias. Es en 1925 cuando Juan de la Cierva, con un modelo mejorado, el C6-bis, da el salto definitivo a Europa. En ese mismo año la Aviación Militar contrató la compra de varios autogiros.

El espíritu emprendedor de Juan de la Cierva vuela cada vez más alto y alcanza una nueva cumbre en el año 1926 con la fundación de su propia empresa en Londres: The Cierva Autogiro Company Ltd. En esta ocasión cuenta con inversores británicos y el propio Juan de la Cierva asume la dirección técnica de la nueva empresa.

Hasta el año 1929, Juan de la Cierva da a luz nuevos modelos de su popular autogiro: los C7 y C12. Además de convertirse en proveedor de fuerzas armadas como la italiana, consigue pilotar un autogiro que cruza el Canal de la Mancha. Estos hechos incrementaron el prestigio y la popularidad del autogiro y de Juan de la Cierva. El ya famoso inventor patentó su invento en distintos países y dio el salto a Estados Unidos. Allí se reunió y conoció al empresario automovilista Henry Ford, al presidente de Estados Unidos, H.C. Hoover, y a multitud de empresarios fascinados por el autogiro. Es también en 1929 cuando crea en Estados Unidos la empresa Pitcairn-Cierva Autogiro Company, en asociación con el empresario estadounidense Harold F. Pitcairn, famoso constructor de aeroplanos.

Hasta el año 1934 desarrolla modelos más impresionantes, especialmente el C19 y el C30. En aquellos años, Juan de la Cierva fundó en Berlín la empresa La Cierva Autogiro GmbH para seguir potenciando la fabricación de sus autogiros en Europa. Su prestigio internacional fue reconocido con un distinguido premio en 1932: la Gran Medalla de Oro otorgada por la Federación Aeronáutica Internacional de la Aviación.

A finales de 1936, Juan de la Cierva, con 41 años, encontró trágicamente la muerte en un accidente de avión en Inglaterra. Murió después de una vida trabajando por vuelos seguros y sin poder ver su invento convertido en un helicóptero.

Juan de la Cierva, el ingeniero inventor del autogiro, se convirtió en una pieza imprescindible de la historia de la aviación actual. De hecho, su autogiro fue el precursor del helicóptero moderno. Como ejemplo del impacto que tuvo su invento, en 1932 se habían construido más de 120 autogiros, que habían recorrido 4 millones de kilómetros en 30.000 horas de vuelo.

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